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Una familia disfuncional de superhéroes llega a Netflix

  • Writer: Super8
    Super8
  • Aug 6, 2020
  • 6 min read

Updated: Mar 12, 2021

The Umbrella Academy es una serie de televisión para Netflix que adapta la serie de cómics homónima escrita por el ex vocalista de la banda My Chemical Romance, Gerard Way (2007), ilustrada por Gabriel Bá y publicada por Dark Horse Comics (editorial independiente). La primera temporada se estrenó el 15 de febrero de 2019 y la segunda, el 31 de julio de este año, ambas teniendo como showrunner o director creativo a Steve Blackman, guionista que colaboró en la segunda y tercera temporada Fargo (2014).



Netflix sorprendió a todos al lanzarse a realizar una adaptación de la obra de Gerard Way; en primer lugar, se pensaba que la ola de fama y éxito de los superhéroes ya había llegado a su fin después de la salida de Marvel de la plataforma; en segundo lugar, se trataba de una serie de cómics que se alejaban del formato convencional que Marvel y DC ofrecían a las masas. Además, resultaba difícil creer que fuese posible llevar a la pantalla ciertos ‘detalles’ gráficos que solo significaban una pesada inversión para los realizadores.


No es espanto, pero plasmar un universo fantástico, lleno de superhéroes, alienígenas, chimpancés, robots y mucha acción y destrucción, equivaldría a invertir mucho dinero en efectos especiales, siempre y cuando el apartado visual sea tomado como un elemento fundamental para que la serie goce de espectacularidad y encanto.


En la novela gráfica, la historia gira en torno al desarrollo de una familia disfuncional con superpoderes que se ven obligados a reunirse, después de tanto tiempo, para despertar heridas de la infancia, rememorar relaciones pasadas, encontrarse a sí mismos y salvar al mundo de su Apocalipsis. Tanto la primera y la segunda temporada tienen como columna vertebral a los dos primeros volúmenes del cómic: Apocalypse Suite y Dallas. Sin embargo, los demás sistemas y tejidos que componen a la historia viajan hacia terrenos no explorados por la novela para brindar mayor diversidad y matiz a los personajes y a sus respectivos arcos narrativos. Pero no escribo esto para juzgar si lo expuesto en el material de origen es mejor o peor que lo expuesto en la serie, ni para hacer un análisis comparativo con el fin de señalar que las adaptaciones de Netflix no son tan buenas como se pensaba en un inicio.


Esta crítica excluye todo fundamento e influjo establecido por la novela gráfica con el objetivo de separar a la adaptación de su material de origen y, así, poder apreciarla individualmente. Dicho de otro modo, me resulta injusto y desacertado relacionar a ambas obras entre sí, puesto que, si se las examina con propiedad, son tan diferentes y singulares en su modo de construir y narrar la historia que, cualquier referencia, reproducción, parecido y semejanza entre ellas, no resulta ser recurso suficiente como para alterar o rectificar mi percepción y apreciación ni sobre una, ni sobre otra.


¿Respeta su material de origen?


No es crucial analizarla según su fidelidad y exactitud, ya que, la interpretación de su lectura no pierde sentido ni dirección ante cualquier semejanza (en forma y contenido) con la obra original. En otras palabras, no es factor imperativo haber leído los cómics para poder ver y disfrutar de esta serie.


Steve Blackman hizo bien en elegir, intencionalmente, a un elenco de actores y actrices de lo más diverso y atípico, haciendo que, los personajes inspirados en la novela gráfica adquieran mucha más distinción y matiz. Asimismo, hizo bien en tomar el riesgo al modificar por completo el género, el color de piel, la orientación sexual, la historia de origen, la estética y la evolución del arco narrativo de algunos personajes.



—Nadie puede decirnos cómo lidiar con el fin del mundo.—Luther Hargreeves

Tengo que reconocer y felicitar al elenco, encabezado por Elliot Page (Vanya), Tom Hopper (Luther), David Castañeda (Diego), Emmy Raver-Lampman (Allison), Robert Sheehan (Klaus), Aidan Gallagher (Cinco) y Justin H. Min (Ben), por darle mucha más personalidad y carácter a los protagonistas de la novela gráfica. Éstos los “humanizan” y los interpretan bajo un enfoque dramático-emocional-conflictivo, razón por la cual, sus arcos narrativos suelen tomarse un tiempo para ser estructurados y desarrollados, también, suelen evolucionar radicalmente hacia algo más cliché y universal, o hacia algo más complicado e interesante.


En la primera temporada se le dedicó un tiempo prudencial y suficiente (más de lo debido) a la presentación de los protagonistas y la propuesta de dirección para sus arcos narrativos (con todas las adicciones que Blackman pensó que harían justicia a los personajes). El showrunner quizo demostrar que era capaz de extraer lo mejor de la novela gráfica y recrear su propia historia, su manera única de contarla e interpretarla; para ello, planteó un ritmo narrativo de transformación lenta (haciendo hincapié en los matices que poco o nada habían sido explorados en el material de origen), a veces, tan lenta que terminó llevando a la primera temporada por visibles altibajos.


Respondiendo a la pregunta planteada: considero que toda su esencia se encuentra magistralmente representada en la serie, a pesar de que, se hayan expandido tediosamente sucesos que debieron ser ejecutados en "menos que lo canta un gallo". En efecto, es en las historias adicionales, en los matices propuestos y en los eventos que nunca pasaron en los cómics, en donde los problemas de guión y dirección han sido notables.


Por ejemplo, para expandir más los orígenes de los personajes (recordemos que debe durar 10 capítulos) expanden ciertas escenas y momentos que nos ayudan a involucrarnos más con lo que les está pasando a nuestros protagonistas, se exploran ciertos dilemas que resultan interesantes y se va creando una tensión natural ascendente que, muchas veces, es aliviada por fantásticas escenas de acción y grandes instantes de comedia (humor negro). Todo lo anterior funciona porque fue pensado con orden y sentido, es decir, todos los caminos que han sido representados nos han llevado hacia un solo fin, hacia una única exposición. Una serie no puede olvidarse de la coherencia y la composición narrativa, pues, daría paso a a aparición de un flagelo muy conocido como “agujero de guión”.


Así, pues, aunque la química del elenco sirva de espectáculo tragicómico para recuperar el ritmo de la serie, el abandono de la construcción narrativa de una relación de ‘causa y efecto’ termina resultando en una fragmentación de la identidad de la serie y se llegan a engendrar ‘cosas’ que nunca se han mostrado hasta el momento.


Dicho de otro modo, gracias a esto resultan episodios bañados de una personalidad irreflexiva y precipitada que hacen que perdamos la dirección o el rumbo de la historia, sirva de ejemplo el surgimiento de algunas decisiones, revelaciones o momentos que han sido ejecutados mediocremente (no por el lado técnico, sino por el lado narrativo). Asímismo, no resultan tan convincentes como para asimilar ciertas conclusiones o resoluciones que se han propuesto, de ahí que, la primera temporada haya resultado buena, mas no excepcional.



Conclusión


Yo entiendo que, en relación a su material de origen (que tampoco ayuda demasiado) Blackman la tenía difícil, y creo que no tuvo más remedio que dejar algunos agujeros en la trama para no ‘perder el tiempo’ explicando a detalle la lógica de los cambios que se han llevado a cabo (sea por presupuesto o por diferencias creativas entre su equipo). Y aquí reconozco que hay dos formas de interpretar estos fallos: el primero es que algunos lo verán como parte de la complejidad de la historia, y otros (como yo) lo verán como una decepción y un total enredo que no permite disfrutar por completo la serie.


Incluso, me permito a referenciar una frase que dice Sir Reginald Hargreeves (en la segunda temporada) que tiene que ver con el tiempo, la capacidad y la expectativa, el cual deja entender que con poco (segundos) se puede lograr grandes cambios para bien, siempre y cuando, estemos despiertos y sagaces. Lo mismo me sucede con la serie, considero que hay ciertas cosas que se han podido resolver de manera sencilla, sutil, pero ingeniosa. Obvio, considerando su material de origen, que ya es muy disparatada y absurda (en el buen sentido).


—Aunque supiéramos todo del presente, es imposible predecir que pasará después. No vivimos en un universo de reglas, sino de probabilidades.—Sir Reginald Hargreeves, interpretado por Colm Feore



Calificación: 2.5/5


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Soy una persona, intelectualmente, inquieta, con un bagaje cultural y artístico que se aproxima hacia una comprensión más profunda del cine, eliminando lo superfluo y potenciando lo significativo. Mi contemplación activa y perceptiva se preocupa por expresar pensamientos auténticos y enunciar proposiciones que describan y reflexionen sobre el visionado de una obra.

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