El "sello Polanski" constituye el terror más posible, mírese por donde se mire.
- Super8

- Aug 9, 2020
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Updated: Mar 13, 2021
Rosemary's Baby es la segunda película de la famosa Trilogía del apartamento, constituida por Repulsion (1965); Rosemary’s Baby (1968); y Le locataire o "El Inquilino" (1976), del director franco-polaco, Roman Polanski.
Estuvo basada en la novela homónima de terror y suspenso de 1967 del escritor estadounidense, Ira Levin (1929 –2007). Y protagonizada por Mia Farrow (Rosemary Woodhouse), John Cassavetes (Guy Woodhouse), Ruth Gordon (Minnie Castevet), Sidney Blackmer (Roman Castevet), Maurice Evans (Edward Hutchins) y Ralph Bellamy (Dr. Abraham Sapirstein).

¿La película superó a la novela?
La película no tardo demasiado en convertirse en un enorme éxito de taquilla, de ahí que, la carrera cinematográfica del “joven promesa del cine polaco” se haya visto impulsada directamente hacia el estrellato. De igual forma, las ventas de los ejemplares de la novela de Levin se dispararon en millonadas, empero, nunca pudo superar la fama (buena y mala) que se le dio a la adaptación de Polanski.
Este último respetó fielmente la esencia de la novela e incluso llegó a incorporar (al pie de la letra) diálogos de páginas completas que cualquier otro director promedio no le hubiese importado. Asimismo, plasmó a detalle los colores, el diseño del decorado, la vestimenta y la apariencia visual de todo lo expuesto en el libro, tanto así que, Levin lo consideró un creador igual o más obsesivo que él.
Ángulo de la trama e interpretación
La trama de la historia es bastante sencilla de entender por su estructura narrativa lineal y simple (clásica). Se nos sitúa en el edificio (ficticio) de Bramford en Manhattan (Nueva York) y la historia es narrada a través de la perspectiva de Rosemary: una mujer sensible y vulnerable, sin ninguna meta fructífera-lucrativa; la cual planea tener un bebé con su esposo Guy: un actor frustrado y desesperado por dejar, de una vez por todas, la mediocridad de los programas de televisión y los anuncios publicitarios para tener éxito en la pantalla grande; para formar una familia feliz en su nuevo hogar.
No obstante, una pareja de ancianos excéntricos y diligentes llegan a sus vidas solo para entrometerse en su relación, manipulando la voluntad de Rosemary y haciendo cómplice de su perverso plan a su esposo, Guy. Su matrimonio va corriendo peligro mientras Rosemary se encuentra, poco a poco, atrapada entre la espada y la pared (condición de víctima), obligándola a decidir entre: seguir complaciendo a todos los demás o liberarse de sus sometimientos para salvar a su bebé.
Gracias a un historial oscuro de asesinatos, rituales satánicos y brujerías, su nuevo hogar acaba transformado en su nuevo infierno; conforme avanza su período de gestasión, su entorno se vuelve cada vez más siniestro y el suspenso aumenta considerablemente. Ella termina descubriendo la verdad, luego de superar los obstáculos que le han causado su notable deterioro (físico y mental), solo para terminar sucumbiendo al pánico total ante la macabra revelación de que el bebé que estaba gestando, en realidad, era descendiente del mismísimo Satanás.

Minnie Castevet: —¡Él te eligió, cariño! ¡De todas las mujeres del mundo para ser la madre de su único hijo vivo!
La guión no pierde tiempo y mientras se nos van presentando a los protagonistas de la historia, también se nos deja ver todos los elementos que, más adelante, se percibirán como una amenaza inminente (los Castevet, por ejemplo). Desde que Rose y Guy deciden comprar la casa y pasan su primera noche van sucediendo cosas que no deberían estar sucediendo, como los rezos y cánticos ineludibles provenientes de la casa vecina.
En las primeras escenas del primer acto se nos señala las dos variables más importantes de la historia: el armario (escondido) y el amuleto (la raíz de Tannis). La primera es el vehículo hacia la resolución de la protagonista y el clímax de la historia; la segunda, la materialización de la influencia del mal o del poderío satánico, siempre presente en cada personaje antagónico; y es que no tardamos mucho en descubrir que todos lo han sido, lo son, y lo serán.
Por otro lado, los leitmotiv son también bastante evidentes: el de Rosemary es el deseo de gestar un bebé y hacer todo lo posible para su bienestar; el de Guy, el deseo de alcanzar el éxito a toda costa (así tenga que ser el peón de un culto satánico o, así tenga que controlar y vulnerar psicológicamente a su propia esposa). A pesar de que, lo relacionado a lo demoniaco sea, a primera vista, lo más impactante y aterrador de la trama, el eje central son los dos esposos y sus respectivos leitmotiv. Polanski no suelta todos los detalles de manera precipitada, pues, se toma su tiempo con el objetivo de darle protagonismo al suspenso y acentuar los cambios drásticos (físico y mentales) en Rosemary, manteniendo siempre presente los leitmotiv; sin embargo:
¿Por qué pareciese que, en algún punto de la trama, se pervierten y se dirigen hacia un desenlace tenebroso?
Primero, porque el director omite ciertos detalles necesarios con el propósito de hacernos quedar siempre con la duda (eso dice mucho sobre su criterio al momento de estructurar la narrativa en planos y secuencias); y segundo, porque existen dos tipos de interpretación dentro del mismo ángulo de la historia (perspectiva de Rosemary). Estas son: la interpretación psico-emocional (lo que el espectador siente o se imagina que está pasando dentro de la cabeza de Rosemary) y una interpretación dimensional (lo que se deja ver en los planos y lo que sirve como motor de impulso para el brote de las emociones encontradas).
En realidad es bastante sencillo de diferenciar, puesto que, ambas interpretaciones están encaminadas por la misma estructura narrativa lineal. De este modo, Polanski permitió que todo pueda ser visto inmediatamente desde un inicio. No hay sorpresas, no hay agujeros de guión, no hay giros absurdos o innecesarios, todo sigue su curso y fluye de manera orgánica contribuyendo a que la trama se sienta sólida, y que todas las interpretaciones de los espectadores vayan hacia un mismo “punto de fuga": el punto donde todos los elementos narrativos convergen, presenciando un universo coherente y, por ratos, predecible.

Rosemary Woodhouse: —Soñé que alguien me estaba violando.Creo que fue alguien inhumano. Guy Woodhouse: —¡Gracias al cielo!
Perspectiva: un producto de su época
Se puede decir que Polanski le dio a la historia de Levin mucha más verosimilitud y atractivo audiovisual, a pesar de la época en la que fuedirigida y producida. ¡Hablamos de una película de terror de los 60!
El director franco-polaco entregó al mundo una película sólida y aterradora, una que no envejece con facilidad; no por nada ganó el premio Óscar al Mejor Guión Adaptado, por ello, considero importante reconocer el profesionalismo que tuvo el director al momento de rodar la película, puesto que, tuvo que enfrentarse a una serie de problemas que solo me limitaré a mencionar: falta de permisos de los propietarios y pésimas condiciones estético-funcionales en el interior del edificio Dakota (lugar donde se desarrolla casi toda la historia); severos problemas maritales entre Mia Farrow y Frank Sinatra; la creciente incertidumbre de los productores sobre el éxito de la película (durante el rodaje la novela, aún, no alcanzaba el título de best seller); las posibles olas de censura y crítica destructiva debido a la presencia de temas sensibles para ciertos grupos conservadores y/o religiosos. En relación a esta última, en efecto, hubo un tiempo donde se la catalogó como una "película blasfema".
Se denomina que es "producto de su época" porque recordemos que toda audiencia responde diferente dependiendo de su forma de pensar, de sentir y de vivir. Para ponerlos en contexto: nos situamos en los años 60 en Nueva York. Una época marcada por tensiones raciales, manifestaciones y movimientos sociales; ergo, no es sorpresa que la película retrate (con timidez) los cambios que aún se están gestando, esto para no desatar polémicas, sobre todo, si sabes que tu historia involucra tamas tabú como los cultos satánicos, el sexismo, el sadismo y la violación sexual hacia la mujer. Me pregunto:
¿Cómo la audiencia moderna hubiese respondido si una película similar se hubiese estrenado en la actualidad?
Vamos, la sinopsis por sí sola no genera gran revuelo: "la historia de una mujer embarazada que sospecha que una secta maligna quiere llevarse a su bebé para usarlo en sus rituales".
No obstante, es en los detalles donde se encuentra su verdadera insidia. Rosemary no es cualquier embarazada, sino que es embarazada por Satanás gracias a que su esposo la dopa y la viola mientras extraños sueños lúcidos llegan a lesionar su mente.
La sospecha surge a partir de los quiebres emocionales que sufre Rosemary, acompañados de su pérdida de peso, palidez, mala alimentación, crisis de ansiedad y extrema sudoración producto de los ataques de pánico. Aquellos quiebres alcanzan su límite cuando ella ya no se llega a sentir como parte de sí misma (consecuencia de todo el maltrato psicológico que ha venido sufriendo desde que Guy empezó a relacionarse más con Roman y Minnie Castevet). La secta satánica ha embrujado a todos los que podían haber ayudado a Rosemary durante su embarazo, acercando sus influencias perversas a su vida íntima. El bebé de Rosemary es su pertenencia más preciada y más pura, sin embargo, es víctima de su propio padre. Víctima de una reencarnación maligna que nunca se debió plantar en un principio.

Rosemary Woodhouse: —Brujas ... ¡Todas ellas brujas!
Es menester analizar a esta película con perspectiva, pues, si se la juzga en relación a las formas de pensar modernas, es clara que el movimiento feminista no lo toleraría y pueden estar en toda su razón. Sin embargo, como crítico debo comprender los patrones socioculturales que se han referenciado para componer la historia y sus personajes, pero solo me centraré en la pareja de esposos.
Rosemary es una ama de casa, así de directo. Su rol es complacer siempre a su esposo, es carente de autonomía y libertad, por lo que, tiene que consultar primero antes de sentir, pensar o hacer algo. Además, es un arquetipo muy opuesto a lo que se nos viene presentado actualmente como personaje femenino: es frágil, débil, todo la supera, es violada, es permisiva, es sometida y no tiene manera cómo fortalecer sus sentimientos y autoestima.
Guy, por su parte, es egocéntrico, manipulador, frío, enajenado, y es un aprendiz de las enseñanzas que le dejan los Castevet (la demagogia, la persuasión y la avidez). Es el personaje masculino que quiere cumplir su sueños por encima de otros, incluso, de su esposa. Y por más difícil que sea de ver las cosas que vendrán a continuación, sugiero dejar atrás cualquier enfoque de género y de rol.
Los acontecimientos insólitos proyectados en la película han servido para generar estupefacción y terror en la audiencia de los 60. Ahora, ya es difícil que la experiencia cinematográfica se vea con esa emoción, por ende, creo que es importante separar los paradigmas que tenemos con los detalles expuestos en la película, sobre todo, si se piensa elaborar una crítica.

Personajes femeninos para una audiencia femenina
Es imposible excluir al espíritu feminista de esta crítica, pues, al fin y al cabo, se trata de Rosemary; de una mujer, de una madre y de una esposa. Y es interesante porque esta crítica va dirigida a un público lector moderno, de nada sirve explicar o justificar lo que se vio en la película, porque ahora ellas exigen saber el porqué (cuestionar); buscan respuestas y, como sea, las consiguen.
En los 60 se estaba dando recién la Segunda ola del feminismo en los Estados Unidos, esta vez más radical. Temas como el derecho al voto y la participación política recién entraban a discusión pública. Sería gracias a la Cuarta ola del feminismo (siglo XXI), en el cual, ya se pondría a discusión el derecho al aborto.
Sabiendo aquello, es lógico y aceptable (hasta cierto punto del debate), para las audiencias de esa época, las decisiones que tomó Rosemary con respecto a su embarazo, incluso, la que se muestra en la escena final: ella acepta su rol de madre y decide criar al hijo de Satán.
Las feministas modernas se preguntarían: ¿por qué hizo eso? ¿acaso una madre es madre solo porque da a luz un bebé? ¿qué hubiese pasado si rechazaba al bebé? ¿iba a ser rechazada socialmente? ¿ella misma no lo aceptaría? ¿cómo se hubiese planteado a seguir adelante?
La última gran revelación es (sin duda) macabra, pero, luego parece resignarse a aceptar su destino. Es obvio que esta escritura de personaje no sería aplicada a los nuevos personajes femeninos, pero, volviendo al juicio moral femenino: ¿aquello fue bueno o malo? Si no, ¿cómo pudo Levin terminar la historia de otro modo?
Levin quiso crear pánico, nada más que eso. No le prestó mucha atención a la aceptación que tendría el personaje de Rosemary ni si el público femenino lo odiaría o si se justificarían los actos del Guy. El pánico creado por Levin funciona debido a que se sostiene de la acción de gestar y aunque este, íntimamente, ligada a lo femenino, también sirve de factor detonante para el terror. Estoy seguro que ninguna mujer en aquellas épocas sería capaz de reflexionar acerca de lo que significaría ser parte de la gestación de un feto diabólico, de estar nutriendo por nueve meses al verdadero horror; el horror de saber que lo que hay en tu vientre no es lo que estabas esperando.
¿Injusticias a la mujer?
¿Es un tema delicado?, Sí. ¿Causa repulsión y disgusto más en el público femenino?, Sí. Quizá, esta visión resulte lógica para un hombre que pueda considerar el embarazo como un “estado demoniaco”, en sentido metafórico, claro. Levin era escéptico y también Polanski, empero, ambos crearon una historia que se sintió bastante real, muy cercana y posible. No gracias a la ficción y los rituales satánicos (es obvio que la carne de bebé no tiene algún poder especial para hacer algo fuera de lo común), sino gracias al conflicto/dilema dramático entre los personajes. Sí, es verdad, también, el miedo que existe en las personas que te querrán hacer daño, por celos, por egoísmo o, simplemente, porque no aceptan ni entienden lo diferente.
¿Injusticias? las hay en cada momento de la película. El suspenso brilla porque la perspectiva de Rosemary está bien lograda, pues, se ayuda de los arquetipos clásicos del género y del personaje femenino en los años 60. Todo para crear un sentido que trascienda a través del terror. Quizá, la perspectiva moderna nos sirva para darnos una idea de cómo se vive en los zapatos de una Rosemary que lucha, con timidez y limitación (claro), pero que lo intenta al menos.
Aún así, lo único que le veo de ‘psicológico’ a esta obra es el desarrollo del concepto de “demonio”, puesto que, según el Magíster en Psicología Clínica de Adultos, Barrionuevo Durán, Camilo, dicho término hace alusión a la figura mitológica de Satanás, por lo que, sería la expresión simbólica de su contenido espiritual (la maldad, el mal) según la visión occidental. La razón, por la cual, tenemos "demonios internos" sería porque corresponden a las influencias de las esferas provenientes de Satanás, aquellas que encierra poderes no humanos, sobrehumanos e infrahumanos. Los demonios internos de los personajes son formas de concebirse la personificación del mal, y, como sentencia Barrionuevo Durán, Satanás mismo ha cambiado desde sus tempranas apariciones en los primeros escritos hasta nuestros días.
Siempre será interesante darle una correcta lectura interpretativa a relación misteriosa y profunda que vive en el corazón de la espiritualidad occidental y que justifica el sendero narrativo por el cual se construyen personajes como el de Rosemary.

Rosemary Woodhouse: —¿Qué le has hecho? ¡Qué le habéis hecho a sus ojos, maníacos! Roman Castevet: —Él tiene los ojos de su padre. Rosemary Woodhouse: —¿Qué quieres decir? ¡Los ojos de Guy son normales!
¿Guy es un mal personaje?
Guy es la personificación de un pésimo marido, frío y desinteresado. Alguien capaz de violar a su mujer y sacrificar a su propio ‘hijo’ para conseguir el éxito que tanto anhela. Con respecto a la pregunta: Por supuesto que no. Guy es un personaje que está escrito para cumplir su rol magistralmente; lo odiamos y está correcto porque está bien ejectuado.
Guy forma parte de todos los personajes de la película que representa a esa autoridad que siempre quiere someter a los débiles, diciéndoles qué es lo que deben comer, qué es lo que deben pensar, y qué es lo que deben hacer o no hacer. Sirva como ejemplo las prohibiciones que le hacía a Rosemary, como no leer el libro que le dejó Hutch, no cortarse el cabello de "esa forma", no acudir a una segunda opinión cuando lo deseas, no relacionarte con “tal persona", etc.); o los nefastos obsequios que recibe (sin discusión) de los Castevet (remedios caseros, infusiones asquerosas, amuletos mal olientes, doctores de “confianza”, etc.).
Volviendo al tema del espíritu feminista. Veo y analizo que dentro de la película se encuentran una clara puesta en escena del movimiento; tímida y muy limitada, pero existente al fin. También, vislumbro una ligera crítica o señalamiento a lo peligroso que puede resultar la opresión, el sexismo, la violación y el abuso. Lo ‘diabólico’ y lo ‘ritualista’ solo es una excusa contextual para hablar de injusticias (femeninas) y del cinismo perverso que tienen algunos (hombres) al autoconcederse el derecho de influir sobre la autonomía emocional de las mismas, sobre todo, en sus etapas más vulnerables.

Rosemary Woodhouse: —Me veo horrible. Guy Woodhouse: —¿De qué estás hablando? ¡Te ves genial! Es ese corte de pelo que se ve horrible.
Las condiciones que llevan a Rosemary hacia la soledad y la depresión absoluta
Son tres los pilares fundamentales que me han ayudado a determinar las diferentes condiciones que pasa el personaje de Rosemary: el primero es todo lo referente al culto satánico (leyendas, asesinatos, amuletos, ilustres del pasado, supersticiones, etc.); el segundo, todo lo referente al poder y la manipulación (la importancia que se le da a los programas televisión, el intercambio de ‘pertenencias’, los beneficios de ser reconocido, la omnipresencia, etc.); y tercero, todo lo referente a la maternidad durante el matrimonio (la susceptibilidad, los miedos, la ansiedad, el pánico, los dilemas, la desconfianza, etc.). Los tres pilares mencionados hacen referencia a los tres actos de la película, solo que, cambian sus matices así como las condiciones y etapas de Rosemary.
La condición de mujer se manifiesta en las primeras escenas del primer acto: durante la decisión de compra del nuevo hogar. Rosemary convence a Guy de comprar la casa por los motivos que ella consideraba beneficiosos para ella.
La condición de esposa se manifiesta durante el desarrollo del primer acto: cuando empieza a amoblar la casa y complacer a su esposo haciendo el amor y los quehaceres del hogar.
La condición de vecina se manifiesta cuando ella conoce a los Castevet después del suicido de Theresa "Terri" Gionoffrio (interpretada por Victoria Vetri) y termina con el cierre del primer acto: cuando se da cuenta que hay algo malo en los obsequios de Minnie Castevet y se ve obligada a terminar su postre por órdenes de Guy, es ahí, cuando se propone intentar romper los lazos entre ellos y los Castevet.
La condición de víctima (abusada maritalmente) se manifiesta después del aterrador ‘sueño’ que vivió mientras estaba drogada: cuando se empiezan a visibilizar los ‘efectos secundarios’ del mismo, como la aparición de hematomas en su piel, su aspecto cadavérico y el desarrollo de una aparente patalogía física-mental. Esta condición es la más seria porque vemos su aspecto cambiar radicalmente y la vemos irse, poco a poco, hacia el camino oscuro de la soledad y el confinamiento.
La persona que se supone que más debió protegerla se había aprovechado de ella, no había respetado su intimidad y la había expuesto, con total descaro, a las influencias corruptas de la secta.
La condición de paciente se manifiesta durante el segundo acto y mitad del tercero: cuando ella se da cuenta de que solo es la que recibe ‘tratamiento’, la que debe ser atendida de inmediato, incluso, sus amigas (las que acudieron a su fiesta) intentan advertirle sobre su aparente condición, mas no pudieron ayudarla. ¿Por qué?, porque es una paciente y solo podrá ser ayudada por un experto, es decir, por un doctor. Y más, específicamente, por el Dr. Sapirstein.
Por último se encuentra la condición de madre y es que ésta solo alcanza su punto álgido al final del tercer acto; sin embargo, es la que engloba a las demás condiciones por ser la única en construirse, inteligentemente, desde el primer acto.
Esta parte del análisis sirve para que ustedes las puedan ver como etapas de una misma forma, de un mismo recipiente: la madre. Rosemary (madre) no deja nunca de aparecer en ningún momento y, es más, asciende conforme alcanzamos el clímax de la historia. Este es el resultado de haber creado un sólido y convincente leitmotiv.

Dr. Abe Sapirstein: —Ven con nosotros tranquilamente, Rosemary. No discutas ni hagas una escena. Porque si dices algo más sobre brujas o brujería, nos veremos obligados a llevarte a un hospital psiquiátrico. No quieres eso, ¿verdad?
El sello Polanski en el género de terror
A más de sus 50 años de estreno, El bebé de Rosemary constituye el terror más posible, mírese por cómo se mire. Hay terror en los diálogos y las coerciones sutiles por parte de la fuerza antagonista. Hay terror en la paleta de colores de la película, con esos tonos grisáceos verduzcos y amarillentos. Hay terror en el universo representado, a través, de una sociedad/secta acostumbrada a imponer sus ambiciones y ‘semillas’ sobre las mujeres vulnerables. Hay terror en el contexto que engloba a la historia, la cual, transforma a la ciudad de Manhattan en un “monstruo moderno” (esto si se la compara con Transilvania o con algún pueblo rural de pasado maldito, muy utilizado en películas de terror de antaño).
Es decir, es increíble pensar en cómo los interiores el edifico Bramford pueden resultar tan inquietantes. El lugar que tanto conocemos, que se nos hace familiar, que nos cobija y nos brinda su protección, también, se puede revelar (ante nosotros) como una bestia hambrienta y oscura, surtiendo efecto en los que son capaces de dejar de ignorar todo lo que ignoraban de ella en un principio.
El sello de Roman Polanski es la naturaleza del mismo miedo, y eso lo ha podido demostrar en su famosa “trilogía del apartamento”. El terror, según este director, encarna distintos cuerpos, distintas caras, pero nace de lo más profundo de nosotros. Al igual que Freud, Polanski estaba convencido de que el terror es un horror intrínseco, es decir, que esta definido por las perspectivas de cada sujeto.
En las tres películas de la trilogía, Polanski crea personajes cuyo miedo es el principal desencadenante de su locura o su enfermedad. Es lo que los hace aislarse del resto del mundo y lo que nos sumerge más en sus dilemas personales. A veces, se confunde su realidad con lo que está viendo el espectador, pero el miedo es una cosa así; el miedo (incluso) te hace sospechar de la película como tal. Esa incertidumbre que se siente es recíproca con la realidad de los protagonistas que, a fuerza de voluntad, tendrán que aproximarse más a su oscuridad con el propósito de saber la verdad.
En la película la historia siempre va a acompañada de pistas o símbolos que le dan matiz a la trama y a los personajes, ¿se han dado cuenta de que casi no está presente la banda sonora? Es así como, Polanski prioriza el silencio y, con modestia, orquesta su plan maestro para llevar a cabo su magnífico suspense.
Por otro lado, el principio que usa el director para crear su universo lógico de terror es insuficiente como para afirmar que se ha aprovechado bien el género. En otras palabras, el sello Polanski es convincente e indudable, pero no es un sobreviviente perfecto frente a otras exploraciones más interesantes y mucho más profundas del género.

Roman Castevet: —Mécelo, querida. Rosemary Woodhouse: —¿Estás tratando de convertirme en su madre? Roman Castevet: —¿No eres su madre?
Conclusión
No hay secretos que analizar de más en El bebé de Rosemary. Estamos ante un trabajo muy coherente y que se toma en serio su propio universo. Usualmente es complicado elaborar una valoración cien por ciento objetiva a películas o series que resultan ser una adaptación de una novela o un cómic, pero Polanski demuestra que sí es válido analizar con detenimiento su propuesta narrativa que, para algunos críticos, ha sido la razón por la cual se ha convertido en una película de culto.
Recomiendo que reflexionen sobre la trama y sus personajes de manera objetiva y libre de cualquier enfoque de género y rol vigente. Resulta más sustancial discutir de los temas proyectados en la película a través de varios enfoques de pensamiento, a pesar de provenir de varias épocas atrás. Yo no estoy aquí para decirles cómo ver o como interpretar la película; solo advierto, señalo y profundizo ciertos elementos que me resultan interesantes y relevantes para el análisis y la deconstrucción.
Si bien, esta película, no está incluida en las historias que personalmente significan algo para mi, creo que se merece estar junto con las mejores películas creadas en la década de los 60 y que marcaron un antes y un después en el género y, más, en la carrera del director.
Considero que el arte de esta película es el arte de mirar (cara a cara) al terror más intrínseco. Como una manera de resistir a ello, de afirmar que aún podemos ver las cosas mejor de lo que son. Porque cuando se le teme a alguien o algo es porque le hemos concedido suficiente poder sobre nosotros como para permitírsele el derecho de poseerlo todo.

Califiación: 4/5
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