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Verla con madurez ha sido la cura para mi susto infantil

  • Writer: Super8
    Super8
  • Sep 28, 2020
  • 3 min read

Updated: Mar 11, 2021

Recuerdo que esta película la vi cuando era un niño y debo admitir que sí logro aterrorizarme, tuve tanto miedo que no podía dormir e, incluso, le agarré un pavor a las llamadas imprevistas, sobre todo, cuando me dejaban solo en casa. Y es que, de pequeño no podía soportar el género de horror ni sus variantes; películas como Child's Play (1988), Thirteen Ghosts (2001) y Friday the 13th (1980) me dejaban incontables pesadillas, y eso que no eran para tanto.



Luego de verla por segunda vez, ya de adulto (con una memoria cinematográfica más experimentada), solo puedo decir que: no es tan buena como la recordaba. En primer lugar, porque no cumple ni con las gracias y particularidades de su mismo género; y en segundo lugar, porque ha envejecido mal.


Sin siquiera compararla con la película original When a Stranger Calls (1979), resulta muy obvio afirmar que este trabajo pertenece a un sinfín de películas que vienen a ser remakes de las clásicas películas de suspenso/terror de los años 70 y 80. Y es justo ahí, dónde radica su principal problema.


La trama se construye a partir de ideas ya exploradas por las películas de los 70 y 80: el miedo a lo desconocido. Aquel miedo que te conlleva a sentir una especie de angustia claustrofóbica por no saber cómo lidiar con él, sobre todo, si eres mujer. No está demás decir que solo ellas saben lo que es vivir el terror de ser acosadas por un extraño.


A esta clásica trama la acompaña el factor "aprendí a la mala en mis veintes" y ¡Oh! ¡Sorpresa! ¡Nuestra protagonista interpreta a una adolescente! La adolescencia...¿una etapa diíficl, no? Aquello representa el paso de la inocencia o la ingenuidad hacia la responsabilidad o la madurez.


Lo que más rescato es el trabajo que hicieron con las sombras y las luces, realmente me gustó que hayan creado una atmósfera angustiante e inquietante con la iluminación y la escenografía, pero, lamentablemente, esa proximidad hacia el terror absoluto terminó siendo saboteada por un desarrollo mediocre y olvidable de los personajes y los hechos.

No solo se trata de la inverosimilitud de muchas escenas, sino, también, de una narrativa mal planteada que nunca atrapa ni cautiva.


No hay trabajo de personajes, tanto a nivel figurativo como simbólico, ni de la psicología de la víctima ni del victimario, es como si la película estuviese vacía; sin nada interesante qué comunicar. El soundtrack acompañaba de manera justa, pero el guión cae en tantos clichés que la trama se vuelve aburrida. Además, cuando no se propone, en el mismo relato, nuevas formas de experiencia terrorífica al espectador, para éste todo le resultará muy predecible.


Entonces, ¿vale la pena?


Definitivamente, si yo quisiera sumergirme en estos universos dónde el o la protagonista me quiera hacer sentir que estoy atrapado en un lugar sin salida, donde figuras extrañas toman forma de psicópatas y asesinos seriales que me acosan y me amenazan de muerte, mejor me pongo a ver películas como The Strangers (2008), The Collector (2009), Scream (1996), Halloween (1978), o incluso, películas modernas que cumplen con el género como Hush (2016).


Realmente, el trabajo de Simon West es de los que decepcionan o de los que se puede prescindir, porque no se está perdiendo nada interesante. A pesar de ello, debo confesar que el final me gustó mucho. Esa marca profunda (psicológica) que nos pueden dejar ciertos eventos traumáticos como el que vivió Jill Johnson (interpretada por Camilla Belle) quien, haciendo de niñera para una familia rica e involucrándose en una lucha mortal con su acosador en medio del salón principal, no fue una decepción.


De pequeño, el personaje de Jill se había convertido, temporalmente, en un amor platónico (mi crush, como le llamarían las nuevas generaciones), quizá, por los rasgos físicos de la actriz. Pero, vuelvo a repetir, si es que yo no sepulto a esta película es por esa escena final: cuando ella re-vive la pesadilla en donde el asesino serial aún la llama, aún la persigue; y despierta confundida, todavía, en el hospital; la cámara se va alejando progresivamente mientras el plano cierra con los doctores y las enfermeras, desesperadamente, tratando de detener su pánico frenético a causa del PTSD (Trastorno por estrés postraumático).

Eso sí que da miedo.


Jill Johnson: [suena el teléfono] —¿Hola? [sin respuesta] Jill Johnson: [suspira] —Residencia Mandrakis. Voz del extraño: —¿Has revisado a los niños? Jill Johnson: —¿Qué? [el extraño cuelga. Jill corre y revisa a los niños, y vuelve abajo] Jill Johnson: [suena el teléfono] —¿Hola? Voz del extraño: [pausa] —¿Cómo estaban los niños?



Calificación: 2/5


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Acerca de mí

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Soy una persona, intelectualmente, inquieta, con un bagaje cultural y artístico que se aproxima hacia una comprensión más profunda del cine, eliminando lo superfluo y potenciando lo significativo. Mi contemplación activa y perceptiva se preocupa por expresar pensamientos auténticos y enunciar proposiciones que describan y reflexionen sobre el visionado de una obra.

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